domingo, 2 de mayo de 2010

Huicholes ... Grupo étnico que conserva profundas creencias y tradiciones

El nombre indígena de este singular grupo étnico es Wixaricá (Wi-ra-ri-ka), que significa "adivinos", aunque sus integrantes son conocidos comúnmente como huicholes.

De acuerdo con su tradición, los huicholes tuvieron su origen en el Sur, y se perdieron debajo de la tierra, resurgiendo en el Este, en el país de hi-kuri, en el altiplano central de México.

En la actualidad es probable que no haya en todo México otro grupo étnico que conserve tan profundamente sus creencias, cultos y tradiciones.

La población huichol es de aproximadamente 13 mil personas, asentadas en un territorio montañoso de difícil acceso, situado en el noroeste de Jalisco, en la gran Sierra Madre Oriental.

El territorio huichol está calculado en unos 65 kilómetros de largo por 45 de ancho, y su economía se basa en el cultivo de maíz, frijol y calabaza. También se dedican a la cría de vacas y ovejas, de las cuales obtienen sus productos lácteos y lana.

Los huicholes están divididos en cinco comunidades, cada una regida por un gobierno tradicionalista constituido por un gobernador, un juez, un capitán y un mayor, además, algunos auxiliares.

Esta etnia habita en casas circulares, construidas con piedras y barro, y cubiertas con techo de paja. Sus templos, dedicados a varias de sus dioses, son de forma similar, pero mucho más grandes, con la entrada mirando hacia el Oriente.

El templo principal de la región se encuentra en la comunidad de Santa Catarina, cuyo nombre antiguo es Toa-pu-llí, una montaña cercana y dedicada a la deidad principal Ta-te-wa-li, Dios del fuego.

CUEVAS SAGRADAS

Hay muchas cuevas sagradas dedicadas a los dioses, que tienen generalmente un pequeño arroyo o un estanque, lo cual les da un carácter sagrado, se llaman Kutsalá y sus aguas se utilizan para fines religiosos.

En las proximidades de Santa Catarina hay una cueva donde cada huichol debe bañarse una vez al año. Para las fiestas, el agua de algunos kutsala se lleva en jícaras al templo.

Los huicholes pasan gran parte de su vida en fiestas y ceremonias. En la temporada de secas y parte de la de lluvias, las ceremonias para hacer llover son frecuentes.

Si durante la temporada de lluvias deja de llover dos o tres días, los principales se reúnen en el templo y deciden sacrificar un buey, lo cual significa una fiesta que dura dos o tres días.

Luego está la festividad de las calabazas nuevas y del maíz tostado, relacionada con el culto al hi-kuri, la más grande de las celebraciones para comer los panes de maíz, venado y beber una bebida local.

El uso del peyote, un pequeño cactus que crece en abundancia en la meseta central de México, es muy importante en la vida de los huicholes, y viajan hacia el Este para recolectarlo.

En los meses de enero y febrero los representantes de las rancherías inician el viaje que dura de siete a 10 días: los buscadores de peyote permanecen tres días en el lugar.

Al regresar se dedican a cazar venados y después de cocinarlo entre piedras calientes, la carne se corta en trozos pequeños, se seca y se guarda hasta la fiesta.

Luego los buscadores de peyote preparan el campo comunal donde se sembrará el maíz en meses posteriores. Desde que se inicia la búsqueda de los peyotes, y hasta que se termina la fiesta mantienen una abstinencia de sal y de relaciones sexuales.

Tampoco se permite el baño tanto a hombres, mujeres y niños que toman parte en la danza de la fiesta. Durante la ceremonia del peyote se pintan los rostros con diseños de la simbología mística huichol.

Como todos los grupos indígenas de México, los huicholes apenas subsisten en sus refugios, y cinco siglos parecen separarlos de los frutos de la civilización y el progreso.

SABIA CHAMAN

La voz de Angélica Ortiz es dulce y tiene la suave música del semidesierto. En cada palabra que pronuncia se percibe la sólida edificación de un idioma que ha resistido todos los avatares del tiempo y en la geografía de su rostro se acentúan los rasgos de una sabia chamán wirrárika, en cuyo corazón habitan muchos secretos.

La joven poeta participó en el pasado Encuentro de Creadoras de sueños y realidades. Mujeres indígenas en el arte popular, celebrado en San Luis Potosí, y ha ofrecido varios recitales en diferentes entidades de la República y países sudamericanos como Colombia. Su trabajo se distingue por mostrar parte de la cosmovisión wirrárika o huichol, donde la mujer cobra un lugar muy importante, a partir de la jícara, uno de sus símbolos sagrados más representativos.

Angélica Ortiz explica: "Para los wirrárika es muy importante dicho símbolo, porque en éste se escribe nuestra historia desde el nacimiento hasta la muerte. Como emblema de nuestra mitología, la jícara tiene tres momentos que representan un ciclo: la jícara-mujer, la jícara ceremonial y el surgimiento de la jícara".

La jícara-mujer, comenta la autora, se refiere al don de la fertilidad, es decir, la mujer es como una jícara donde se deposita la semilla de los varones que se distinguen por el símbolo de la flecha, en el momento de la unión entre ambos sexos.

"La jícara ceremonial es cuando los wirrárika depositamos las peticiones que hacemos a nuestras divinidades como la madre tierra, la madre mar o alguna otra. El sabio anciano es el que nos indica dónde debemos llevarla, puede ser en San Blas, Nayarit; en Chapala, Jalisco o en Real de Catorce, San Luis Potosí o Wirikuta como nombramos a este lugar sagrado regido por la trinidad del maíz, el peyote y el venado.

"El sabio anciano es el que nos dice cómo debemos adornar la jícara y qué cosas tiene que llevar, entonces a través de ésta, las divinidades beben el sentir de la persona".

LA JICARA

Angélica Ortiz comparte que el surgimiento de la jícara es cuando el sabio anciano dice: "En esto se contiene todo tu ser, con la jícara tendrás que guiarte en la vida y a partir de ella tu nacimiento será en pareja.

"Para nosotros es importante la unión entre dos seres que se aman, así como el nacimiento y la muerte de una persona. Cuando un wirrárika muere, se lleva su jícara porque ahí fue donde escribió la historia de su peregrinar en este mundo", agrega la autora en cuya obra se percibe una carga importante de erotismo y feminidad.

"Gran parte de lo que escribo es el reflejo de la cosmovisión y el lenguaje natural de los wirrárika. Cuando una pareja desea conocerse o unirse, ambos se halagan mediante la palabra y no regalándose cosas como generalmente se hace, todo lo que se dicen viene desde su sentir más profundo; la palabra es decisiva y tiene un valor muy importante para nosotros".

Ven colibrí/ besa mi flor./ Te veo pasar junto a mí,/ anda/ atrévete,/ huele mi flor./ Dicen que tú eres el robabesos,/ ¿Por qué no robas mi flor entera?/ Anda atrévete,/ abre mi flor,/ ¿Acaso una hojita voladora como tú podrá?/ Hazlo ahora que nuestro padre sol lo permite./ Anda,/ atrévete,/ prueba de esta flor,/ ven varón colibrí ya no aletees más,/ quédate en tu jícara y vuelve a vivir,/ anda atrévete y vive.

Para la poeta wirrárika, las imágenes y metáforas contenidas en su escritura se derivan de momentos de gran sensibilidad y comunión con las formas tradicionales propias de su cultura, las cuales plasma en el papel y hace madurar como frutos a través de la técnica literaria.

"Siempre escribo en mi lengua materna y después traduzco los textos al español. Este es un ejercicio complicado porque los poemas adquieren diferentes matices, pero en ellos se conserva la esencia. Es una dicha poder comunicarme en otro idioma y dar a conocer, a partir de mi trabajo, parte de la literatura wirrárika".