miércoles, 5 de mayo de 2010

DESCRIPCIÓN DEL PUEBLO, GRUPO ÉTNICO O DE LA CULTURA

Familia lingüística:

El idioma que hablan los wixaritari pertenece a la rama conocida como cora-huichol, dentro de la familia de las lenguas yuto-nahuas (inglés: uto-aztec).

Nombre propio:

Wixarika: desconocemos el significado de la palabra wixarika, pero sabemos que “huichol” es una versión castellanizada de este término.

Área cultural:

La provincia geográfico-cultural que se conoce desde la Colonia como el Gran Nayar es una región que se ha constituido a través de procesos culturales compartidos. Aún no es posible determinar con exactitud desde cuando existe El Nayar como tal; mínimamente, se remonta hasta finales del siglo XVI, época en la cual los territorios circunvecinos (la costa, el Altiplano de Jalisco y Nayarit y la meseta central) eran ya controlados por la Corona Española.

Por otra parte, a nivel supra-regional, normalmente se maneja la región o provincia etnográfica Sierra Madre Occidental/Noroeste de México (incluye el Sur de Arizona).

Asimismo, puede argumentarse que los huicholes formen parte de Mesoamérica y/o del “Greater Southwest”.

Etnohistoria:

Durante los últimos siglos, los huicholes han logrado una reproducción exitosa de su cultura ancestral. Abiertos a la interacción con el exterior, han sido sumamente celosos en la conservación de sus tierras y tradiciones.

De la historia prehispánica de los huicholes se sabe muy poco, pero a partir de algunas fuentes del siglo XVI puede suponerse que en la época de la Conquista española, el territorio huichol era considerablemente mayor. Desde finales del siglo XVI hasta principios del XVIII, los huicholes ocuparon una posición limítrofe entre la Frontera de San Luís de Colotlán, territorio militarizado y directamente administrado por el gobierno virreinal, y el Reino del Nayar, pequeño enclave indígena aún independiente, gobernado por un linaje cora de tonatis (“soles”) desde su capital en la Mesa del Nayar. Entre los huicholes occidentales de Tateikie (San Andrés Cohamiata) y Xatsitsarie (Guadalupe Ocotán), la influencia cora fue más fuerte, y hasta la fecha se observa una proximidad cultural más acentuada con dicho grupo.

En la mayor parte del territorio huichol, las actividades evangelizadoras comenzaron sólo después de la caída de la Mesa del Nayar, en 1722. Los franciscanos encargados de esta labor, sin embargo, no tuvieron la capacidad de mantener una presencia constante en la sierra. A finales del siglo XVIII, los pueblos huicholes recibieron títulos, que hasta la fecha son el fundamento legal de la propiedad comunal de la tierra y definen los límites de cada comunidad.

Alrededor de 1850, las labores de evangelización culminaron con la construcción de templos católicos y la destrucción de los principales callihueyes o centros ceremoniales tukipa. Inmediatamente después del “triunfo” de los misioneros estalló la gran rebelión lidereada por el mestizo agrarista Manuel Lozada, denominada Guerra de Castas de Occidente, en la que los huicholes, al lado de coras, tepehuanes y mestizos, participaron activamente. Durante los 17 años de independencia bajo el gobierno del Tigre de Álica (1856-1873), se reconstruyeron los centros ceremoniales de tradición prehispánica y se consolidó un complejo ritual que incorpora ciertos elementos del catolicismo popular (como la celebración del Carnaval y de la Semana Santa) en una matriz cultural aborigen.

El Porfiriato fue una época difícil para los huicholes porque las compañías deslindadoras acosaron los territorios indígenas de la sierra con el propósito de expropiar las supuestas tierras baldías y venderlas a los grandes latifundistas, entonces en plena expansión. Efectivamente, las comunidades del extremo nororiental (Tenzompa y La Soledad) fueron despojadas de sus tierras, y muy pronto perdieron su identidad indígena. Durante estos mismos años comenzó la exploración antropológica de la Sierra Huichola. Entre los investigadores más famosos que visitaron y convivieron con los huicholes figuran el francés Léon Diguet, el noruego Carl Lumholtz, el checo Ales Hrdlicka y el alemán Konrad Theodor Preuss.

La Revolución Mexicana posibilitó la defensa de las tierras comunales; en cambio durante la Cristiada (1926-1929 y 1935-1940), experiencia traumática para todos los involucrados, las comunidades se aliaron con distintos bandos y pelearon entre sí. Debido a la violencia, muchas familias huicholas de Jalisco emigraron hacia tierras nayaritas y duranguenses, en donde fundaron nuevas comunidades y, más tarde, ejidos. Hoy en día, más de la mitad de los huicholes viven en estos poblados, entre los que se cuentan El Colorado de la Mora, Sitacua, el ejido Salvador Allende, Roseta y Zoquipan, en Nayarit y Bancos de Calítique y el Potrero en Durango.

En las últimas décadas del siglo XX, los huicholes experimentaron un auge constante de modernización: primero se construyeron pistas aéreas, y más tarde, carreteras, escuelas con albergues, centros INI, bodegas CONASUPO y algunas clínicas o centros de salud. Nuevos poblados crecieron entonces alrededor de estos “focos de desarrollo”, al tiempo que aumentó la migración a Estados Unidos y a diversas ciudades de la República Mexicana, donde, en algunos casos, se establecieron pequeñas comunidades permanentes.

Para articular las políticas comunitarias con las diferentes instancias del gobierno y con las organizaciones no gubernamentales, y así llevar a cabo proyectos productivos y culturales de toda índole, se fundó la Unión de la Comunidades Indígenas Huicholas de Jalisco (UCIH-Jal.). En su lucha contra las invasiones por parte de los madereros y ganaderos mestizos, las comunidades huicholas lograron varios fallos favorables en las cortes, aunque su ejecución no siempre se ha verificado. Asimismo, se concretaron avances importantes en la protección de lugares sagrados, como Wirikuta (el paisaje desértico cercano a Real de Catorce, San Luís Potosí), Hauxamanaka (el Cerro Gordo, Durango), Haramara (un santuario ubicado en la playa de San Blas, Nayarit) o Xapawiyeme (la Isla de los Alacranes en el Lago de Chapala, Jalisco), que se ubican lejos de los territorios comunales en la sierra y frecuentemente sufren actos de vandalismo o saqueo a manos de los no-indígenas.

Áreas ocupadas por el grupo étnico o cultura: Según grandes ecosistemas, grandes unidades ecológicas o regiones y provincias biogeográficas.

Weigand (1972; 1992) habla de cinco pisos ecológicos que pueden diferenciarse en la sierra huichola. Tal vez, sería más conveniente hablar solo de tres, con el intermedio dividido en dos sub-pisos.

Los fondos y las partes más bajas de los cañones y barrancas (600-1000m.s.n.m.) tienen un clima tropical. Entre los huicholes tuapuritari, se trata de la única zona que no está habitada: el calor es sofocante y abundan los barrilillos y zancudos, sin embargo existen numerosos recursos importantes que le dan un cierto atractivo a este piso ecológico. La pesca en los ríos es una actividad importante, aunque en la zona de Tuapurie raras veces se convierte en una fuente principal de la alimentación. La captura del cauque (langosta de río) es una actividad estacional bastante popular. Las partes bajas de las barrancas, debido a su frondosa vegetación, también son fuente de numerosos recursos de recolección (destacan los tubérculos comestibles y toda clase de plantas medicinales) y de cacería (por ejemplo, el jabalí). Además, se trata de una zona donde existen manantiales calientes curativos y numerosos lugares de culto. En la mayoría de los casos, estos últimos se relacionan con diferentes episodios del mito de Takutsi Nakawe, la vieja diosa de la fertilidad. Como bien dice Weigand, la barranca profunda es "un lugar de asombro, respeto y miedo" (1992: 40).

La parte habitada de la "barranca" (1000-2000 m.s.n.m.) es el piso intermedio. Se trata de una zona que es calurosa en las secas, pero templada durante las lluvias y los meses del invierno. La zona puede sub-dividirse en, al menos, dos niveles, aunque ahí no es posible establecer criterios exactos. Una gran ventaja respecto a regiones más elevadas es que aquí no hay heladas. Algunos coamiles de la barranca son extremadamente escarpados, pero también hay unos cuantos terrenos relativamente "parejos".

La parte más baja de la porción habitada de la barranca, generalmente, es bastante árida, ya que el escarpado terreno no retiene bien el agua de las lluvias. Así que no hay bosques que cubran las cuestas, solamente arbustos. Debido al calor, el maíz madura pronto, pero aquí las sequías siempre son un peligro latente. Otra ventaja de la parte baja de la barranca es que pueden cultivarse plantas que necesitan más calor (chile, tabaco, algodón, caña de azúcar).

La parte alta de la barranca ya se asemeja a las mesetas, donde no suele faltar la humedad, pero a diferencia de este último piso ecológico, los árboles que predominan aquí son los encinos y robles, y no los pinos. Sobre todo las zonas que son ricas en manantiales tienen una población relativamente densa. Estas zonas son las que tienen el clima más agradable y, además conllevan la gran ventaja de que nunca falta leña.

Otro recurso importante de la barranca es el zacate que se quema periódicamente para estimular su crecimiento. En el pasado reciente, la barranca era la zona donde habitaba la mayor parte de la población, suponemos que principalmente por razones de defensa. En tiempos de conflictos, las mesetas son mucho más accesibles para enemigos foráneos. Por eso todos los centros ceremoniales de Tuapurie se ubican en la zona de la barranca. Keuruwit+a se ubica a 1950m.s.n.m., es decir, en la parte alta de la barranca, la cabecera Santa Catarina a 1480 y Pochotita a 1250, ambos ya en la parte baja. También las grandes rancherías de Taimarita, Tekatsata (El Pedernal) y Santa Cruz se ubican en la parte baja de la barranca.

Hoy en día, la barranca constantemente pierde población, ya que mucha gente prefiere mudarse a la zona de las mesetas elevadas y planas conocidas como "la sierra" (2000-2300m.s.n.m.). Con la llegada de las carreteras y de las camionetas, surgieron una serie de asentamientos nuevos que atraen un creciente número de pobladores. En el caso de la comunidad de Tuapurie, estos nuevos puntos de concentración demográfica son Nueva Colonia y Pueblo Nuevo. Se trata de poblados con un acelerado crecimiento demográfico, construidos exactamente donde terminan las carreteras, que sirven como puntos obligados de paso para todo el tráfico motorizado, la mayor parte del comercio y algunas instituciones estatales. No todo "lo mestizo" que llega a estas "compuertas culturales" se difunde a las demás partes de la comunidad. Las rancherías ubicadas en las barrancas, ciertamente, ofrecen un aspecto físico más "tradicional".

La gran desventaja de este piso ecológico es el frío que, durante los meses de invierno, puede manifestarse en forma de heladas nocturnas. Las ventajas son el terreno plano que sirve para usar maquinaria agrícola como el arado y el tractor, las buenas pasturas para el ganado mayor, el agua que, generalmente, abunda, los pinos como recursos forestales y la accesibilidad por carretera. Así es que la mayoría de las tiendas, escuelas y estaciones de salud se ubican en esta zona, por no hablar de las pistas de aterrizaje que pueden construirse con facilidad en estos terrenos planos. Las variantes tradicionales (o ceremoniales) de maíz no pueden cultivarse en "la sierra", ya que no se adaptan al frío, pero se han introducido semillas que sí aguantan el clima de este piso ecológico. Una gran desventaja de la sierra es la falta de leña, ya que predomina el pino, cuya madera, al quemarse produce mucho humo, pero malas brasas. Contar con un rancho en la sierra es importante cuando uno quiere dedicarse a actividades como el comercio o la política, ya que las carreteras son las principales vías de comunicación con el mundo mestizo.

Tiempo de ocupación del territorio:

Desconocido. No se han realizado estudios arqueológicos (únicamente en cañones aledaños, como el de Bolaños, pero los sitios no corresponden a los huicholes).

Lo que se sabe que los huicholes ya se encontraban habitando sus territorios actuales en el siglo XVI, cuando aparecen en diferentes fuentes coloniales.

El Mapa del Obispado de Compostela o Pintura del Nuevo Reino de Galicia (Castro, 1996: 62), fechado como anterior al periodo entre 1542 y 1546 (Weigand y García, 1996: 57), señala dos asentamientos grandes de indios en el Gran Nayar: Cora (probablemente La Mesa del Nayar) y Guaynamota. Al norte del Río Santiago y al oriente de Cora, se dibujan vagamente los territorios de los xuructequanes o xuructequales, así como de los tequales. Más al norte se ubican los tepeguanes y tenamaztle. Los xuructecuales o xuructequanes probablemente son hablantes del idioma wixarika.

El Mapa de Abraham Ortelius, Hispaniae Novae Sivae Magnae, Recens et Vera Descriptio (León-Portilla, 1995: 63), que forma parte de su Theatrum Orbis Terrarum y que data de 1579, menciona "xurute prouincia".

Formas de asentamiento:

El patrón de vida tradicional de los huicholes muestra una adaptación exitosa al paisaje abrupto de la sierra. La vida en las rancherías dispersas evita concentraciones mayores de población, que podrían llevar a un agotamiento de los frágiles suelos serranos o del agua. Muchas familias cuentan, además, con varios ranchos ubicados a diferentes altitudes, lo cual permite el aprovechamiento simultáneo de diversos pisos ecológicos.

El rancho huichol consiste en una serie de casas agrupadas libremente alrededor de un patio, una de las cuales puede ser un adoratorio. Las construcciones tradicionales son de piedra y lodo o adobe, y los techos de zacate, pero hoy en día, cada vez más, se construyen casas con muros de tabique o de “material” y con techos de lámina, sobre todo cuando se trata de viviendas que se ubican cerca de una carretera. Los coamiles y corrales a veces se ubican en torno al rancho pero igualmente pueden ubicarse a una distancia de varias horas a pie. El maíz se guarda en carretones elevados fabricados de carrizo.

A pesar del patrón de asentamiento disperso, los huicholes cuentan con organizaciones comunitarias estables y complejas. El órgano político más importante es la asamblea comunal, que se reúne al menos cuatro veces al año. La asistencia es obligatoria para los jefes de rancho, al igual que para los hombres y mujeres adultos solteros. La asamblea cumple, entre otras, con las siguientes funciones: ratificar la distribución de los cargos, nombrar comisiones, convocar faenas, discutir asuntos políticos y económicos, y resolver conflictos de toda índole.

El sistema de cargos es presidido por el consejo de ancianos (los kawiterutsixi). Estos cargos, vitalicios, son reservados a las personas más destacadas entre los adultos mayores; generalmente se trata de chamanes (mara’akate: “los que saben soñar”), quienes han ocupado varios de los cargos importantes; conocedores de la historia mitológica, ellos consultan a los antepasados y ancestros deificados durante sus experiencias oníricas.

En las cabeceras de las comunidades (Tuapurie o Santa Catarina Cuexcomatitán, Waut+a o San Sebastián Teponahuastán, Tutsipa o Tuxpan de Bolaños, Tateikie o San Andrés Cohamiata, Xatsitsarie o Guadalupe Ocotán) se encuentran edificios públicos denominados Casa Real, que son la sede de una jerarquía cívico-religiosa encabezada por el tatuwani o “gobernador tradicional”. Los miembros de este gobierno tradicional –gobernador primero y segundo, juez, alguacil, capitán, comisarios y topiles- portan varas de mando elaboradas con madera roja de palo brasil, objetos cuyo poder emana del padre Sol (Tayau). Por esta razón, a los miembros de esta jerarquía se les conoce como its+kate “portadores de varas”. En las reuniones en la Casa Real, el gobierno tradicional se sienta a uno de los lados de la larga mesa de madera; el otro lado lo ocupan los comuneros que exponen sus problemas frente a las autoridades. Además de atender asuntos comunitarios, las autoridades tradicionales cumplen funciones religiosas, como ayunar. La Casa Real cuenta con un cuarto conocido como “cepo”, que sirve como cárcel. Todos los cargos de los its+kate cambian anualmente, durante las celebraciones de Año Nuevo o Cambio de Varas.

El gobierno tradicional colabora estrechamente con el grupo de las autoridades agrarias, encabezado por el presidente de Bienes Comunales, que se encarga principalmente de los asuntos relacionados con las tierras comunales.

El teyupani o “capilla” es la sede de los mayordomos y tenanches, que se ocupan del culto a las imágenes y santos derivados de la religión católica y de la tradición popular mestiza: Tanana (la Virgen de Guadalupe), Xaturi (Cristo), Hapaxuki (Santo Domingo) y Teiwari Yuawi (el pequeño Cristo, identificado con el Mestizo Azul Oscuro o Charro Negro, es decir, el sol nocturno).

El tukipa o callihuey es un centro ceremonial de tradición prehispánica dedicado al culto a los antepasados deificados de la comunidad. La arquitectura sigue el modelo del rancho huichol: varios edificios se agrupan alrededor de una plaza circular de danza.

El templo principal, el tuki, se ubica al poniente del patio. Se trata de una estructura circular u ovalada, semi-hundida, con un alto techo de zacate sostenido por dos postes de pino, representación de los “árboles cósmicos” (haurite), que sostienen el cielo. El tamaño del tuki varía en cada centro ceremonial, pero en promedio, tanto su diámetro como la altura del techo es de 10 metros. Los demás templos o xirikite son pequeños adoratorios rectangulares cuyo techo es de dos aguas. En algunos centros ceremoniales los xirikite están construidos sobre basamentos de piedra escalonados de hasta 2 metros de altura, que representan las escaleras utilizadas por el sol para subir al cielo.

Cada templo está dedicado a un determinado dios huichol, y representa el lugar de culto en el paisaje que se considera su morada. Generalmente, la orientación del templo apunta hacia la dirección donde se ubica el lugar sagrado en cuestión. El xukuri’+kame o “jicarero” es el encargado de una de las varias jícaras sagradas que se guardan en los diferentes templos del centro ceremonial. Cada uno de estos objetos representa a uno de los ancestros deificados. El jicarero adopta el nombre de la jícara y deidad en cuestión como propio durante los cinco años que dura su cargo y habita en el templo correspondiente. De esta forma el carguero se convierte en el antepasado que le toca personificar.

Entre los dioses que viven en el tukipa figuran Tatewarí, “Nuestro Abuelo”: el dios del fuego; Tatusti Maxakwaxi, “Nuestro Bisabuelo Cola de Venado”; Tayau, “Nuestro Padre”: el dios del sol; Tamatsi Parietsika, “Nuestro Hermano Mayor, el que Camina en el Amanecer”: el dios venado-peyote; Xurawe Temai, “el Joven Estrella”: el lucero del alba; Tamatsi Eaka Teiwari, “Nuestro Hermano Mayor, el vecino viento”; Tatei Wierika Wimari, “Nuestra Madre, el Águila Joven”: la diosa del cielo diurno; Tatei Nia’ariwame: la diosa madre de la lluvia oriental; Tatei Kiewimuka: la diosa madre de la lluvia occidental, también madre del venado; Tatei Xapawiyeme, “Nuestra Madre, la Higuera de la Lluvia”: la diosa madre de la lluvia del sur, que habita en Lago de Chapala; Tatei Haramara, “Nuestra Madre, el Mar”, y Takutsi, “Nuestra Abuela”: la vieja diosa de la fertilidad, del crecimiento y del cielo nocturno.

En la estructura arquitectónica del tukipa se expresan los conceptos huicholes del espacio y del tiempo: el interior del tuki corresponde al oscuro lugar de origen que se ubica “abajo, en el Poniente”, el inframundo y el mar. La plaza donde se danza corresponde al desierto de Wirikuta, y el adoratorio de Tamatsi Parietsika, ubicado en el oriente, representa el Cerro del Amanecer, también conocido como Cerro Quemado, situado en el extremo oriental del desierto de Wirikuta.

Los tukipa están relacionados con las subdivisiones territoriales de las comunidades. En toda la zona huichola existen alrededor de 20 centros ceremoniales y en cada uno de ellos varía la composición jerárquica de los jicareros. Los centros ceremoniales cuya arquitectura es más compleja se localizan en las comunidades de Waut+a y Tuapurie, y las construcciones más sencillas las encontramos entre los huicholes occidentales.

Migraciones:

En los casos que se registran migraciones se indicará los lugares de procedencia y tiempos de las mismas. (No se considera en esta categoría el nomadismo o trashumancia que se realiza en un territorio que es considerado como propio).

La migración con fines laborales reviste un carácter estacional. Esta puede ser considerada histórica, ya que existe informacion etnográfica de este fenómeno, por lo menos desde finales del siglo XIX. Durante mucho tiempo el destino privilegiado fueron los ejidos tabacaleros de la costa nayarita, en donde los huicholes trabajaban como jornaleros agrícolas, sujetos a pagos miserables, explotación y expuestos a la contaminación de pesticidas tóxicos, usados en estas plantaciones. Últimamente, esta actividad ha perdido importancia, ya que los salarios son demasiado miserables y los indígenas serranos son sustituidos por migrantes centroamericanos.

Por otra parte y desde hace ya varias décadas, varias familias huicholas se han asentado en metrópolis mexicanas como la ciudad de México y Guadalajara, y otros puntos estratégicos para el turismo, en donde la principal actividad desempeñada es la venta de sus artesanías, lo cual en la actualidad ha conllevado a una fuerte migración estacional, bajo este perfil.

Sistema de culto:

Podría decirse que los huicholes tienen un sistema de culto sui generis -- chamanismo con uso de alucinógenos combinado con sacerdocios; ambos enfocados en el culto agrario.

Sistema económico:

Hoy en día, las principales actividades económicas son el cultivo del coamil, es decir, la milpa trabajada con bastón plantador o coa, la ganadería, el trabajo asalariado durante temporadas de migración estacional y la venta de artesanías.

El cultivo del coamil es una actividad de subsistencia, pues su producto no se destina al comercio.

Se conocen cinco variantes de maíz sagrado, que corresponden a los cinco rumbos del cosmos: yuawime – “azul”: sur; tusame – “blanco”: norte; ta+lawime – “morado”: poniente; taxawime –“amarillo”: oriente; tsayule – “multicolor” o “pinto”: centro. El método tradicional de cultivo es la roza, tumba y quema. Maíz, calabaza y fríjol crecen juntos en el coamil. Los frijoles se enredan en las cañas de las plantas de maíz y aportan al suelo el nitrógeno necesario. En las orillas del coamil se siembran flores de cempoalsúchitl, un plaguicida natural, y amaranto. Sólo en las partes más planas del territorio huichol se emplea el arado.

El ganado vacuno corre libremente por toda la sierra, aunque durante la temporada de cultivo se le mantiene alejado de los coamiles. Por lo general, los corrales se construyen no para encerrar a los animales, sino para proteger las siembras.

El sacrificio de reses, borregos y chivos se practica únicamente en contextos rituales. (La primera sangre que brota de la yugular del animal es el alimento que se ofrenda a las deidades.) La cría de gallinas y guajolotes también es importante. Estas aves, ocasionalmente, también se sacrifican durante las ceremonias religiosas. La porcicultura, en cambio, es una actividad que carece de un significado religioso.

La cacería ha perdido importancia para la subsistencia, pero sigue siendo una actividad central dentro del sistema ritual, especialmente la caza de venado de cola blanca [Odocoileus virginianus]. Otros animales que se cazan con una cierta regularidad son ardillas [únicamente las de la especie Sciurus colliaei], iguanas, pecaríes y jabalíes. Los principales recursos de pesca son los bagres y cauques. Los huicholes recolectan asimismo hongos, raíces, frutos e insectos, entre otros, — cuyo conocimiento es crucial durante las temporadas de crisis.

La migración laboral estacional tiene como destino principal los ejidos tabacaleros de la Costa de Nayarit, donde los jornaleros serranos no sólo no reciben un salario digno sino que a menudo se exponen a la contaminación de agroquímicos altamente tóxicos.

La artesanía se convirtió en una actividad económica importante a partir del movimiento contracultural de los años sesenta, que despertó el interés masivo en el arte huichol y su estética inspirada en experiencias “psicodélicas”. La visita a los diferentes centros urbanos y turísticos donde se vende la artesanía, suele combinarse con recorridos por diversos lugares sagrados. Por otra parte, como consecuencia de la celebridad internacional que han ganado los huicholes, en algunas comunidades de la sierra se observa un incipiente “etnoturismo”. Éste, sin embargo, no suele contar con el beneplácito de los gobiernos tradicionales, quienes no permiten la toma de fotografías ni las grabaciones de audio o video.